De empanadas de jamón y queso…

Pasa algo extraño con las empanadas de jamón y queso que no pasa con otras comidas: Son más ricas las compradas, que las hechas en casa.
Un fenómeno pocas veces visto en la gastronomía cotidiana (ya bastante que aceptamos ese gusto dentro de la carta empanaderil). Será que siempre se arman con las tapas que sobraron, a las que no les llegó el picadillo adorado. Será que son manufacturadas con paleta y cremoso barato. Será que no se le tira magia, ni un oreganito, ni una albahaquita, ni un tomatito seco… no puedo asegurarlo. Pero siempre, siempre, son mejores las grasosas del delivery.
En general lo hecho afuera suele tener ese gusto, esos ingredientes únicos, la magia de los maestros. Pero lo casero, es lo casero y no hay con que darle. Porque si bien los Vermichelli Pippo son algo elaborado por los dioses, ni se compara con unos fideos amasados por la abuelita o la salsa de mi viejo que le mete 3 o 4 horas de amor en la olla, donde explotan todos nuestros antepasados italianos.
O lo mismo con la pizza… la de las Cuartetas es una patada voladora a la porteñidad y es un éxito mundial, pero la pizza amasada por la mamma los viernes o domingos por la noche no se le queda atrás. O las empanadas árabes de mi suegra, las más buscadas de toda la Patagonia.
Ni que hablar del asado… que su ritual está hecho para ser disfrutado en familia, con amigos, ahí pegadito a las brasas compartiendo un fernecito en vasito de chapa con el asador tanspirado. Ahí sí que no hay con que darle. Los invito, si no, a comer un corderito o cochinillo de 4 o 6 horas de mí suegro o el matambrito de cerdo de mí hermano bajo la autopista en plena República de Liniers. No hay parrilla puertomaderense que le gané a eso, jamás. Pero las empanadas de jamón y queso… son una cosa…

Pero como para toda regla hay una excepción, las mejores empanadas de jamón y queso las hacía mi tía Alicia y punto.

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Por siempre Evita

(Escrito en 2010)

Y pertenecemos a ese sentimiento maravilloso que es el Peronismo. Que en vano se puede explicar con algunas líneas. Podríamos hablar de su raíz y germen revolucionario, podríamos hablar de a quién enfrenta y con que fuerza. Podríamos sentarnos horas a debatir a miles y miles de intelectuales que lo estudiaron, podríamos sentarnos y ver las horas y horas de material fílmico, documental, de ficción y de archivo, podríamos escuchar miles y miles de minutos de discursos, de entrevistas, de canciones también. Podríamos, por que no, concienzudamente hacer un análisis muy vasto de su influencia, ramificación, problemática y demás…
Podríamos… pero nosotros lo sentimos de otra manera. Nos sale del pecho, de la sangre, de las tripas.

Y la tenemos a ella, a esa Gran Mujer que usó su corazón como escudo, que lo uso para hacer política. Aquella Gran Mujer que nos enseñó que la política se saca de los grandes escritorios y se lleva a cada rincón, a cada porción de tierra, por más alejada y olvidada que este. Nos enseñó que la política es todo, desde lo más pequeño y particular a lo más grande y general. Que la política se hace con amor, que las convicciones e ideologías se defienden con amor, que la vida se deja por amor, que se vive por amor.

Y fue el amor, por su pueblo, por nosotros, sus grasitas, la que la llevó a ser la Gran Mujer de la patria, La Abanderada de los Humildes, la Jefa Espiritual de su Nación, ejemplo y lucha para millones y millones de personas a lo largo y ancho de esta patria. Ella nos legó su amor, su rebeldía, su coraje, su tezón, su fuerza. Nos dió las más maravillosas armas para llevar esas, sus banderas, a la victoria. Y victoria va a ser.

Porque la victoria la construimos todos los días, con todas nuestras fuerzas y esfuerzos, dejando de lado miles de cuestiones personales, así nos enseñó Ella. Que día tras días atendía a todos, desde el que quería su zapato o su maquina de coser, hasta a los popes del sindicalismo, Ella no hacía distinción, todos valíamos lo mismo para Ella.

Y hoy estamos acá, miles y miles de pendejos, de sus herederos, de sus grasitas, haciendo realidad sus sueños, haciendo realidad ese sueño grande. Por el que Ella tanto lucho, dejando jirones de su vida. Aquel sueño que revolvía, y revuelve, las tripas de los “antis”. Aquel sueño que no deja a nadie afuera. Aquel sueño que pugna por el amor y la igualdad para todos y todas. Aquel sueño de la Patria libre, justa y soberana. Aquel sueño de patria para todos o para nadie.

Hoy, como Ella, estamos dejando la vida por esos sueños, a Ella se lo debemos. Ella es la razón de esta Revolución.
Evita Inmortal…

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Compañero de cuarto

Y un día te dijeron vamos a meterte a este niño que sufrió tanto en el medio de tu casa. Yo lo hice sufrir, preguntaste incrédulo, toda la humanidad te respondieron. Pobre niño, dijiste, no tiene hogar, preguntaste. Fue echado de su hogar hace mucho, viajo, se perdió, vivió en muchos lugares, pero nunca tuvo un hogar, ahora este es su hogar, te dijeron. Acá dice que nació toda su historia. Qué raro pensaste vos, acá nació toda mi historia, pero bueno, que venga, siempre hay lugar para compartir en nuestro hogar. Y un día llegó, era muy parecido a vos, creíste que por ahí tenían alguna historia en común. Le prestaste tu mejor cuarto, le diste la mejor comida, lo mejor que tenías, así te habían enseñado a tratar a los huéspedes. Con este no tuviste otro remedio.

Y un día empezaron a llegarle regalos de sus padrinos del norte. Muchos regalos, más de los que habías recibido vos en toda tu vida. Y empezó a refaccionar el cuarto, el mejor, el que le habías dado. Te sorprendió con cuanto recurso contaba el niño triste. Empezó a levantar paredes en el medio del living común, a pintar, refaccionar, a llenar de tecnología. De repente te diste cuenta que le tenías que pedir permiso a él para pasar al baño, o a la cocina para conseguir tu alimento. Y un día aquel niño triste te dijo que le tenías que dar aquella otra habitación porque vendrían muchísimos otros niños tristes desde muchos lugares. Vos sospechaste, no quisiste dárselo, y te fuiste a dormir. A la noche te levantaron unos ruidos fuertes en la otra habitación y te despertaste cuando te llenaron tu cuarto de escombros. Le fuiste a preguntar al niño triste el por qué de aquel atropello, pero no pudiste llegar ni siquiera a verlo. Te topaste con otros niños, pero ya no estaban tristes, parecían enojados con vos, por algo que vos desconocías.
Ahora estás triste y solo, guardado en el pequeño lugarcito que te dejaron, rezando para que no te lo arrebaten. Todavía te preguntas porque te encajaron a vos al niño triste, si no eras dueño de su tristeza.

gaza

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El niño y su Mundial I

No sé si será porque a uno en sus primeros años los acontecimientos le parecen más grandes o porque a tan tierna edad todo lo conmueve. Pero no hay recuerdo más hermoso para el joven futbolero que sus primeros mundiales.

Mi primer mundial fue el de Italia 90. En realidad el primero que presencié fue el de México 86, pero tan solo tenía tres años y no recuerdo nada… lamentablemente. Pero en cambio ni bien suena un Estate Italiana (tal vez la mejor canción de los mundiales)  se me pone la piel de pollo, se me anuda la garganta y caen como centros llovidos a la olla todos los recuerdos.

Uno ya ni sabe si son recuerdos que fue sumando con las miles de repeticiones, de programas especiales, de recopilaciones y tantas otras cosas que vió en todos estos años. Pero lo que sí es cierto, que tal vez fue uno de los últimos mundiales en donde Argentina tuvo una actuación épica y digna de ser recordada. Hay un salpicadito de instantes de los otros mundiales, pero lo dejaré para otras entregas.

Como ya decía antes, no hay mejor canción en los últimas Copas del Mundo que la del dúo italiano. La voz gastada de la muchacha, esa manera loca de hacer playback con esa guitarra berreta, el video de fondo, el sonido ochentoso de esos teclados y sobre todo ese estribillo que te la levanta y te dan ganas de ponerte la azul oscura y salir al verde césped a comerte la cancha.

Pero lo primero que me llega al pensar en Italia 90, es el recuerdo del gol del Cani a los brasucas. Hace poco ví el partido entero a eso de las 2 de la mañana y  todavía no entiendo como no nos hicieron veinte en el primer tiempo (gloriosa la anécdota de la charla de Bilardo en el entretiempo: “sí se la siguen dando a los de Amarillo nos volvemos a casa”). El Claudio Pol (dios te perdone por los hijos que heredaste) tenía el andar de jugador moderno, de este tiempo, de personaje de Win Eleven. Pícaro, oportunista y con un pique corto de otro planeta. Pero lo loco de la mente humana es que al hacer el esfuerzo por recordar dicho golazo, no me viene inmediatamente la zancada mágica con que deja despatarrado al arquero verdeamarelo ni el jugadón del Diego para darle la asistencia perfecta, si no es el hall de mi primaria al otro día de la clasificación.

Estábamos entrando al aula, todavía dormidos y ahí en ese trayecto donde quedábamos un poco alejados del control de los maestros, con los compañeritos nos pusimos a relatar las hazañas del Hijo del Viento, del goleador de pantaloncitos cortos. Ahí en ese relato atropellado, agigantado por los ojos de los niños es que me viene ese golazo. Y tal vez es en el recuerdo del relato de mis compañeritos de la 10 (numero de la escuela) donde viva mejor ese gol agónico. Seguirá bello e imposible, loco y desenfrenado, todavía el Cani está empujando con fuerza la pelota negada a la puerta de la clasificación. Tal vez no haga falta verlo nunca más porque ahí donde vive, ahí donde se me guardo para siempre es el mejor tape que se necesita para seguir gritando, ¡goooooooooool!

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Muevo yo…

En menos de veinte días arranca el encuentro mundial del Fútbol en el vecino país de Brasil. Y como bien reza el spot de Crónica el mundo no se detiene, pero…

No podemos evitarlo y ya estamos todos y todas a plena copa del mundo, a pleno fulbo, a plena selección, a plena argentinidad. A los que nos gusta el fútbol todo el año, o mejor dicho, los que somos hinchas de algún club todo el tiempo, desde hace mucho tiempo, y sufrimos, disfrutamos o nos enojamos fecha tras fecha, “domingo tras domingo”; solemos adoptar una postura un tanto soberbia, de una mirada un tanto paternalista o a veces hasta de bronca hacia los advenedizos a este hermoso mundo del balón pie.

Por más de un mes la mayoría de la sociedad esta más receptiva a la pasión por la numero cinco y es un buen momento para discutir algunas cuestiones que hacen a la belleza única y gloriosa de este deporte. Con estos escritos no pretendo enseñar nada, solamente exorcisar mi mal enterno (en mí caso la locura lleva la V azulada en el pecho) e ir calmando un poco la ansiedad pre mundialista.

Espero disfruten, se enojen, se identifiquen con estas lineas.

¡Qué viva el Fútbol!

Les dejo este video para ir calentando los motores.

Por si no conocen la anecdota, ahí va:

La selección de Bilardo, la del Diego,del Cani, del Goyco y de la barba del Checho, entre otros, deja afuera al seleccionado organizador, Italia. En semifinales y por penales (de ahí viene el conocido”Siamo Fuori de la copa”). Para los tanos fue una mojada de oreja tremenda, ellos (y la Fifa) se venían en la final contra Alemania, pero la selección nacional con poco le empata y derecho a los penales. Gracias a dios estaba el Goyco en el arco y los deja arafue. Unos días más tarde se juega la final en Roma  con todo el estadio en contra chiflando el himno, salvo un puñado de compatriotas y de napolitanos que bancaban al Diez.  Esta es la histórica reacción del más grande ante tamaño acto de injusticia.

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Tirito (Poesía I)

No hay forma de embocarle al agujero sin pifiar un poco

cada tanto.
Así es la cosa.

El tiro limpio, firme
y uniforme
nunca es la constante.

Es parte del riesgo,
de la lotería de la vida. Una timba,
una ruleta
algo arreglada, para que de tanto
en tanto
nos dé algún premio, y así
embocado, no embocado
o el tiro
por la culata

no se pueda negar su
existencia.

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Sí a la pizza, también.

ugis2No hay experiencia comparable en la vida de todo hombre que se precie de tal, como la de comer media de muzza en Ugi´s a pelo. Sin más liquido alguno que el generado por uno mismo que es un degenerado divino. Moderna prueba de valor.

El día fue más largo de lo planificado y el presupuesto diario autorizado para los menesteres de quien les habla estaba acabose. O eso pensaba uno cuando de repente se topa con la meca de azulejos blancos y pilas y pilas de cajas que se cobran aparte. Como corresponde (¿pioneros, quizás, de la movida eco-friendly-shops?). Alegría de uno y de su bolsillo. Con los Mitres arrugados, las monedas perdidas y con un glorioso Don José de San Martín nos alcanza para media. Nuestra media. La más justa e igualitaria medida del mercado. Acá no miran soberbio si se llega justo. Se siente querido uno ante el mostrador alto. Ni el mismísimo Warhol hubiera imaginado esta composición psico-pop-subdesarrollada que engalana el ambiente. Gloria a la siempre magnifica e inigualable inventiva nacional. Las botellitas recicladas en condimenteros (ejemplo de lo anterior). Con que ternura y dedicación han sido hechos esos pequeños agujeritos para que nosotros, dulces comensales, depositemos democráticamente el preciado menjunje en la redonda. Alquimia de la vida.

Noche afuera. Adentro blanco. La Nueva de fondo. Mientras espero que el cocinero-cajero me chiste con el aviso de que ya tiene mi media, me hurgue una pregunta al mirar el celular que marca las 20:39: ¿Quiénes van a cenar un martes a Ugi´s? esa es la cuestión. La pregunta original. La vida y la muerte.

Pero que pena ché, les debo la respuesta para una próxima. Todavía no viene nadie. Somos el maestro y quien les escribe nomás. Me encantaría mentirles, inventarles bah, unos pintorescos personajes autóctonos, miembros de la elite de la fauna nocturna porteña. Pero solo estoy yo, único representante de aquella fauna. Más pintón que pintoresco, pero pobre, igual de pobre… sepan entender.

Ahí salió, me avisa el amigo detrás del muro blanco protegido por las gigantescas torres de cartón corrugado. Sí ponele, le digo. Qué movimientos de muñecas, habrase visto, ágil como gimnasta rusa. Qué manera de meterle sazón, de esparcir la escueta muzzarella cual canchereada de últimos pelos de maduro señor. Que generosidad de sabor. No hay con que darle. Y vuela hacia mí la chapa abollada como sambuche de miga, como nave nodriza, como ovni delicioso. Intergaláctico placer.

Y como metáfora de la vida. Sí la comés ni bien sale, de apurado, de angurriento, seguramente te quemes el paladar y ya no puedas disfrutar de más nada. Pero si en cambio esperás demasiado y dejás que el tren pase desperdiciarás el momento indicado, y estará fría y ya no tendrá sentido probarla. Habrá perdido todo sentido.

Y así transcurre la vida uno: intentando encontrar el equilibrio pero sin arruinarlo del todo. Quemarse un poco para disfrutar otro poco. Y por ahí pasa la cosa, vió.

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